La necesidad de crear un punto intermedio entre Puerto Rico y San Juanita hoy Algeciras propiciaron la creación de un campamento sobre la margen derecha del Río Caguán, lugar de descanso en donde los arrieros acampaban con el caucho negro sacado del sector de Puerto Rico.
Hacia 1898 y 1900 don Juan Vicente Quesada lideró y trazó el plano para el pueblo con la colaboración de Prudencio Ossa, Nepomuceno, Gabriel y Miguel Perdomo y José María Camargo, destacados caucheros de origen huilense y tolimense.
Su nombre fue colocado en reconocimiento y honor al señor Quesada su fundador. Esta población tuvo un gran auge gracias a la actividad juiciosa de los primeros colonos que en forma decidida se dedicaron a la ganadería y cultivos agrícolas.
Por su distancia con relación a Florencia la capital del departamento, mantuvo mucho tiempo incomunicada por vía terrestre, utilizando entonces la vía fluvial y aérea. Hacia los años 50, sus habitantes iniciaron una vida cruenta, llena de incertidumbre y zozobra; cuando en inmediaciones de San Vicente y Algeciras surgió un caserío llamado Guacamayas, a sus alrededores operaban grupos al margen de la ley comandados por cabecillas bandoleras: Gavilán Sangre Negra, el Capitán Veneno, el Dragón Rojo y Palma; todos ellos pertenecientes a la llamada CHUSMA que enfrentaban con frecuencia a la Chulavita.
Los Chulavitas estaban conformados por la policía todos ellos de origen conservador, para quienes los Cachiporras o Liberales eran símbolo del mejor blanco.
En septiembre de 1951 se presentaron los más grandes oprobios; la policía (Chulavitas) en una violenta actitud y apoyados por el padre "JACAS" encerraron a mujeres y niños en la carnicería del pueblo, estrategia represiva que utilizaron en contra de los rebeldes (En su mayoría campesinos y liberales de la región) por el ataque que estos hicieron al cuartel de la policía días antes.
La Chulavita le prendió candela a tres cuadras del pueblo como represalia contra los más adinerados liberales del pueblo. El lugar preciso en donde se originó parte de la destrucción del poblado se denominaba "Almacén el Piel Roja", ante esta azotadora violencia política, y semi-destruido el pueblo por los incendios provocados por la Chulavita, los habitantes de San Vicente se desplazaron a diferentes lugares, algunos abandonando mujeres e hijos, otros resistieron a las torturas que el rigor de la guerra les ofreció.
De estos sucesos pueden dar fe algunas personas que aún existen, quienes atestiguan la tortura de la que fue víctima el Sacerdote Juan de Michelis, a quien un bandolero le arrebató de sus manos a dos de los sacristanes que lo acompañaban y en cuya presencia les dieron muerte después de hacer sangrar la barba del sacerdote. Estos hechos ocurrieron en la vereda el Ovejo, en la finca denominada el Rosal, en esa época, propiedad de Guillermo ríos Conde.